Paco Boya, presidente de esMontañas: «Las ciudades necesitan que el ámbito rural funcione bien. Sin el mundo rural, en definitiva, no podemos entender el mundo urbano»

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La realidad actual es la que es: los jóvenes buscan un futuro lejos de las zonas rurales, cuya subsistencia ha quedado prácticamente reducida a la industria agrícola y ganadera. Es en las ciudades donde proliferan los negocios, donde fluye la vida social, cultural y política. «Prácticamente el 53% de la población mundial vive en tan solo un 2% del territorio», revela Francisco Boya Alós (Valle de Arán, 1960), presidente de la Asociación Española de Municipios de Montaña. Y esa tendencia no hace más que crecer. «Es crucial que la ruralidad afronte los retos a los que se va a enfrentar en este siglo porque de lo contrario la despoblación va a traer muchos problemas a todos», sentencia.

Es la suya una visión holística, que anticipa las consecuencias que todo esto puede tener para todos. «Las ciudades necesitan que el ámbito rural funcione bien. Todos necesitamos que alguien vele por la salud de los bosques, porque no haya fuegos. Hace falta que exista quien se preocupe de la calidad del agua que llega a las urbes, o de la leche, la carne que tenemos en la mesa. Quienes salen los fines de semana a disfrutar del medio ambiente querrán seguir haciéndolo y para eso también hace falta alguien que continúe cuidándolo… Sin el mundo rural, en definitiva, no podemos entender el mundo urbano». De ahí el impulso con el que fundó en 2013 la asociación, que este martes lo trae a Cantabria para participar en el foro ‘El futuro de los pueblos de montaña: diagnóstico de su realidad’, organizado por El Diario y el Gobierno regional, y que se celebra en el Balneario de La Hermida.

Dice el experto que existe un dato de referencia que sirve para discernir cuándo deben saltar las alarmas: «Cuando un territorio tiene menos de 12 habitantes por kilómetro cuadrado es que debemos empezar a preocuparnos», matiza. Un 52% de España está en esta situación, muy por delante del segundo país de la lista, Portugal (con un 22%). Tiene su lógica, en parte, si se atiende a que el 40% de la península es montañosa. «Y pese a estas circunstancias, somos de los pocos países de Europa que no tienen legislación ni normas específicas pensadas para combatir esta despoblación. No se hace nada».

¿De qué manera se puede revertir esta situación? «Cantabria tiene territorios rurales muy heterogéneos. Lo primero existe una diferencia clara entre los que son costeros y los interiores; pero lo importante es que todos encuentren su futuro con independencia de sus particularidades». Un elemento clave es la digitalización. Según datos del Ministerio de Economía, cerca de la mitad de los municipios cántabros aún no tienen acceso a internet de alta velocidad. «La conectividad es crucial. En un pueblo del Valle de Arán (Lérida), de unos 900 habitantes, se han instalado unos arquitectos jóvenes que han llegado de Shanghái para montar su estudio. ¿Cómo es posible? Pues porque en este mundo digital, con una buena conexión a la red es suficiente para poder trabajar. Si estás conectado, nada está lejos».

Conciencia colectiva

La clave, según el experto, es el trabajo en equipo, la conciencia colectiva de que existe un foco de negocio que puede suponer el sustento de todas las ideas emprendedoras en torno a una localidad. Sucedió en Ribamontán al Mar. El negocio del surf da de comer a escuelas, hoteles, apartamentos, supermercados, campings, etc.

«Todo se resume en una misma premisa: no vale de nada tener una idea para el pueblo, lo que hay que tener es una idea de pueblo». Toda la localidad, todo el valle, debe tener claras cuales son las líneas estratégicas para remar todos en la misma dirección. Así se consiguen las cosas». Entre otras, la generación de negocios que van más allá del trabajo de la tierra o en las ganaderías. Eso que tanta falta le hace al mundo rural para retener a los más jóvenes con un proyecto real de futuro. «Cantabria tiene infinitas posibilidades en el ámbito de la ganadería extensiva y el turismo, y todos son elementos complementarios. Debe aprovecharlos más para atraer a los jóvenes. Tiene, como región, varios frentes que potenciar para impedir que sus zonas rurales caigan en la desertización poblacional».

Artículo José Carlos Rojo, publicado en el Diario Montañés.

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