El mundo rural se reinventa

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La bodega La Capuchina en Mollina y el Molino del Hortelano de Casabermeja son dos buenos ejemplos de este impulso por generar nuevos productos que valoren la identidad rural

El sector agrícola está comenzando a abrir sus puertas a nuevas oportunidades empresariales para la generación de ingresos como es el caso del turismo, que les permite difundir la identidad del entorno rural, así como vender los productos que obtienen en sus propias fincas sin necesidad de intermediarios.

El sector agrícola cada vez más opta por nuevos formatos que revitalicen la industria y permitan generar nuevos ingresos que acompañen al trabajo tradicional. Así, aumentan las empresas que se están renovando y abren sus puertas a nuevas oportunidades atraídas por el turismo que busca experiencias únicas.

Son varios los casos existentes en la comarca de Antequera, pero algunos de los más destacados son los que están llevando a cabo el Molino del Hortelano, situado en Casabermeja, y la bodega La Capuchina en Mollina.

Situada en el norte de la provincia de Málaga, la bodega La Capuchina se extiende sobre una finca de 20 hectáreas un viñedo con variedades blancas y tintas destinadas a la elaboración de vinos con Denominación de Origen Málaga y Sierras de Málaga.

De sus viñas se obtienen unas 25.000 botellas de vino. De ellas, más del 50 por ciento se destinan directamente al mercado estadounidense. «Desde que obtuvimos la primera cosecha en 2005 comenzaron a llegar las primeras visitas de cata», recuerda Susana García, propietaria de la bodega.

Y es que la idea de combinar el trabajo agrícola con el turismo es algo esencial para esta bodega cuyos testimonios datan desde el neolítico con vestigios de pinturas rupestres, restos romanos (Mausoleo de La Capuchina) e importantes asentamientos árabes.

«Contamos con un edificio bonito, que antes era un cortijo de los monjes capuchinos, de ahí su nombre, con un patio central con naranjos; y la bodega está en una antigua almazara, un lugar con mucho encanto». Así define Susana García su complejo.

Y es que cada fin de semana ya es habitual contemplar cómo se suceden visitas de grupos o empresas que alquilan el espacio para sus eventos. «La visita habitual consiste en un paseo por los viñedos, donde se explica a los visitantes las variedades de cultivo, los diferentes vinos que se pueden elaborar y luego se ofrece un aperitivo, todo sin tecnicismos», comenta la propietaria.

Y es que tras la visita la mayoría de las personas adquieren una botella de vino; un importante ingreso que supone la venta de un tercio del total de la producción. «Esto es para nosotros una importante entrada de dinero, ya que esas ventas son sin intermediarios», explica.

Molino del Hortelano

Otro de esos espacios con encanto que aprovechan esta identidad para dirigirse a un público cada vez más interesado en conocer el entorno rural a través de este tipo de visitas es el Molino del Hortelano de Casabermeja.

Ubicado en un antiguo molino del siglo XVIII, que anteriormente fue un lagar de vino, produce uno de los mejores aceites de oliva virgen extra de la provincia de Málaga cuyos premios así lo acreditan.

Hoy en día, además de ser un importante enclave de AOVE, también es un destino casi obligatorio para conocer cómo se elabora un buen aceite de oliva en una almazara moderna, explicando a los visitantes desde que entra la aceituna hasta que se envasa el aceite.

«Las visitas están en pleno auge. Los primeros años venían de manera esporádica, ahora cada día llegan dos o tres grupos», explica el gerente del Molino del Hortelano, Juan Cabello, quien considera que ya no puede «entender este proyecto sin la influencia del turismo».

Una actividad que hace por su afán de difundir la cultura del aceite de oliva virgen extra, algo que le ha permitido obtener numerosos reconocimientos en este sentido. «En Jaén hay molinos que llegan a tener hasta 10.000 visitas anuales. Aquí, es algo que deberían realizar todas las pequeñas explotaciones», considera Juan Cabello.

Y es que este empresario fue además un visionario, siendo uno de los primeros en la provincia de Málaga en unir estos dos conceptos. «Para mí es como si cada día visitara un país del mundo distinto. Nos llegan turistas de Alemania, Inglaterra, Australia y muchos otros países. Cuando terminan la visita acaban comprando aceite».

Esta experiencia permite incrementar una media de doce euros por visitante a los ingresos tradicionales por la comercialización del aceite. «Para mí no es lo mismo salir al mercado que aquí en mi casa vender mi producción», reconoce Cabello.

En cuanto a la sensación que se llevan los visitantes Juan Cabello remite a la web de Tripadvisor. «Pueden ver ahí los comentarios que cuelgan. En el Molino ya vamos por el segundo libro de visitas», señala Juan Cabello.

Y es que hoy en día, el sector agrícola considera un potencial la venta de sus productos y la difusión de sus contenidos no sólo como un motor de riqueza económica sino también de arraigo cultural.

Fuente: La Opinión de Málaga

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