A las once de la mañana de un jueves de mayo no se ve un alma en Torre de Burgo (Guadalajara). Nadie camina por la calle Soledad, que hace honor a su nombre. Pero a un kilómetro del núcleo urbano decenas de búlgaros recogen y envasan espárragos. Han venido para llenar, aunque sea temporalmente, la España vaciada.
Según los datos de población del Instituto Nacional de Estadística (INE), en este municipio, distante 23 kilómetros de Guadalajara capital, están empadronadas 502 personas, de las que 442 son extranjeras, es decir, el 88 por ciento. Tendrían en su mayoría derecho a votar el 26 de mayo, pero solo 60 podrán hacerlo.
¿Por qué? Porque lo han solicitado (apenas un 10 por ciento), pero probablemente se abstendrán, como ocurrió en las elecciones municipales de 2015. De un censo de 106 votantes, 43 no acudieron a las urnas.
En esos comicios resultó reelegido José Carlos Moreno, del PP, quien opta de nuevo a la Alcaldía de Torre de Burgo (por última vez, según avanza a Efe) y quien tiene una explicación lógica de esa abstención y del escaso interés de los trabajadores búlgaros para acudir a las urnas.
Y es que estos trabajadores, que como ciudadanos de la Unión Europea pueden votar en las municipales, son en realidad temporeros que, en su mayoría, se quedan en Torre de Burgo para la campaña del espárrago (abril, mayo y junio) y después se trasladan a comunidades autónomas como la valenciana o la aragonesa para participar en la recogida de otros productos agrícolas, señala Moreno.
De hecho, llegan a España con un contrato de las empresas para las que trabajan y se empadronan con un objetivo claro: tener derecho a la asistencia sanitaria. Y hasta ahí.
Finalmente, ese alto porcentaje de extranjeros no tiene influencia alguna en el resultado electoral. Pero sí en la economía. Como cuenta el regidor, la llegada de los búlgaros ha contribuido “a poder mantener la economía del pueblo y a alejarnos de alguna manera de la España despoblada, la que llegas en invierno y no hay nadie”.
Más servicios durante la campaña del espárrago
El Ayuntamiento ha tenido que ampliar y mejorar los servicios municipales ante ese aumento de la población. Asimismo, la atención médica y de enfermería se incrementa en un día mas (habitualmente pasan consulta dos veces en semana) en los meses de la campaña del espárrago.
Claro, que tener más gente empadronada tiene sus ventajas, porque muchas de las subvenciones que llegan de las diputaciones o de las autonomías tienen en cuenta el número de habitantes a la hora de otorgarlas.
Hace ya treinta años que esta zona de Guadalajara -miembro de pleno derecho de la España vaciada pese a todo-, decidió cultivar espárragos y hoy surte de este producto a todo el país y a otros de la UE.
Por lo que fuera -nadie lo tiene totalmente claro-, hasta esta zona llegó algún búlgaro y se empleó en la recogida del espárrago. Lo demás lo hizo el boca a boca y los 800 puestos de trabajo que cada campaña oferta se cubren con personas de esa nacionalidad.
Hace ya treinta años que esta zona de Guadalajara -miembro de pleno derecho de la España vaciada pese a todo-, decidió cultivar espárragos y hoy surte de este producto a todo el país y a otros de la UE.
Muy pocos hablan español -no quisieron acudir a un curso que ofreció el Ayuntamiento- y se alojan en viviendas que los propietarios de las explotaciones agrarias les facilitan en régimen de alquiler.
Por supuesto, Torre de Burgo no puede acoger a todos, por lo que pueblos cercanos, como Heras de Ayuso (a tres kilómetros), alojan a estos temporeros, que también se empadronan en esas localidades. En Heras de Ayuso, el 64,7 por ciento de sus residentes son extranjeros. Búlgaros, para más señas.
Los hay que se han quedado a vivir de forma definitiva, están integrados como vecinos pero mantienen sus costumbres. “Coincidimos en pocas cosas”, dice el alcalde, que lamenta sobre todo el absentismo escolar de los hijos de estos nuevos residentes.
Los servicios sociales
No hay colegio en Torre de Burgo, pero un autobús escolar les traslada hasta Humanes para la educación primaria y a Yunquera de Henares para la secundaria.
A un kilómetro del pueblo decenas de búlgaros recogen los espárragos y otro grupo importante, generalmente mujeres, los envasa y etiqueta en naves. No responden a los periodistas porque no hablan español. Apenas unas pocas palabras. Ni siquiera pueden expresarse cuando acuden al médico, siempre acompañados de alguien de la empresa para hacerles de traductor.
Adolfo López es el propietario de una de ellas, Hortisola, y en estos momentos de la campaña tiene 130 búlgaros trabajando. Está contento con estos temporeros, que cada año están dispuestos a volver. “Los españoles no están muy por la labor”, lamenta.
Mientras los temporeros van y vienen, otros búlgaros, como Christian, ya se han afincado en Torre de Burgo o en pueblos cercanos y se sienten totalmente integrados. Hasta el punto que quisieran votar en las elecciones generales.
“Hay gente con ideología, ven en la televisión lo que hay, opinan y les gustaría mucho votar”, resume Christian detrás de la barra del bar de Heras de Ayuso mientras no para de atender a los búlgaros que piden bebidas para llevar. Algunas de su país.
Fuente: EFE
A las once de la mañana de un jueves de mayo no se ve un alma en Torre de Burgo (Guadalajara). Nadie camina por la calle Soledad, que hace honor a su nombre. Pero a un kilómetro del núcleo urbano decenas de búlgaros recogen y envasan espárragos. Han venido para llenar, aunque sea temporalmente, la España vaciada.
Según los datos de población del Instituto Nacional de Estadística (INE), en este municipio, distante 23 kilómetros de Guadalajara capital, están empadronadas 502 personas, de las que 442 son extranjeras, es decir, el 88 por ciento. Tendrían en su mayoría derecho a votar el 26 de mayo, pero solo 60 podrán hacerlo.
¿Por qué? Porque lo han solicitado (apenas un 10 por ciento), pero probablemente se abstendrán, como ocurrió en las elecciones municipales de 2015. De un censo de 106 votantes, 43 no acudieron a las urnas.
En esos comicios resultó reelegido José Carlos Moreno, del PP, quien opta de nuevo a la Alcaldía de Torre de Burgo (por última vez, según avanza a Efe) y quien tiene una explicación lógica de esa abstención y del escaso interés de los trabajadores búlgaros para acudir a las urnas.
Y es que estos trabajadores, que como ciudadanos de la Unión Europea pueden votar en las municipales, son en realidad temporeros que, en su mayoría, se quedan en Torre de Burgo para la campaña del espárrago (abril, mayo y junio) y después se trasladan a comunidades autónomas como la valenciana o la aragonesa para participar en la recogida de otros productos agrícolas, señala Moreno.
De hecho, llegan a España con un contrato de las empresas para las que trabajan y se empadronan con un objetivo claro: tener derecho a la asistencia sanitaria. Y hasta ahí.
Finalmente, ese alto porcentaje de extranjeros no tiene influencia alguna en el resultado electoral. Pero sí en la economía. Como cuenta el regidor, la llegada de los búlgaros ha contribuido “a poder mantener la economía del pueblo y a alejarnos de alguna manera de la España despoblada, la que llegas en invierno y no hay nadie”.
Más servicios durante la campaña del espárrago
El Ayuntamiento ha tenido que ampliar y mejorar los servicios municipales ante ese aumento de la población. Asimismo, la atención médica y de enfermería se incrementa en un día mas (habitualmente pasan consulta dos veces en semana) en los meses de la campaña del espárrago.
Claro, que tener más gente empadronada tiene sus ventajas, porque muchas de las subvenciones que llegan de las diputaciones o de las autonomías tienen en cuenta el número de habitantes a la hora de otorgarlas.
Hace ya treinta años que esta zona de Guadalajara -miembro de pleno derecho de la España vaciada pese a todo-, decidió cultivar espárragos y hoy surte de este producto a todo el país y a otros de la UE.
Por lo que fuera -nadie lo tiene totalmente claro-, hasta esta zona llegó algún búlgaro y se empleó en la recogida del espárrago. Lo demás lo hizo el boca a boca y los 800 puestos de trabajo que cada campaña oferta se cubren con personas de esa nacionalidad.
Hace ya treinta años que esta zona de Guadalajara -miembro de pleno derecho de la España vaciada pese a todo-, decidió cultivar espárragos y hoy surte de este producto a todo el país y a otros de la UE.
Muy pocos hablan español -no quisieron acudir a un curso que ofreció el Ayuntamiento- y se alojan en viviendas que los propietarios de las explotaciones agrarias les facilitan en régimen de alquiler.
Por supuesto, Torre de Burgo no puede acoger a todos, por lo que pueblos cercanos, como Heras de Ayuso (a tres kilómetros), alojan a estos temporeros, que también se empadronan en esas localidades. En Heras de Ayuso, el 64,7 por ciento de sus residentes son extranjeros. Búlgaros, para más señas.
Los hay que se han quedado a vivir de forma definitiva, están integrados como vecinos pero mantienen sus costumbres. “Coincidimos en pocas cosas”, dice el alcalde, que lamenta sobre todo el absentismo escolar de los hijos de estos nuevos residentes.
Los servicios sociales
No hay colegio en Torre de Burgo, pero un autobús escolar les traslada hasta Humanes para la educación primaria y a Yunquera de Henares para la secundaria.
A un kilómetro del pueblo decenas de búlgaros recogen los espárragos y otro grupo importante, generalmente mujeres, los envasa y etiqueta en naves. No responden a los periodistas porque no hablan español. Apenas unas pocas palabras. Ni siquiera pueden expresarse cuando acuden al médico, siempre acompañados de alguien de la empresa para hacerles de traductor.
Adolfo López es el propietario de una de ellas, Hortisola, y en estos momentos de la campaña tiene 130 búlgaros trabajando. Está contento con estos temporeros, que cada año están dispuestos a volver. “Los españoles no están muy por la labor”, lamenta.
Mientras los temporeros van y vienen, otros búlgaros, como Christian, ya se han afincado en Torre de Burgo o en pueblos cercanos y se sienten totalmente integrados. Hasta el punto que quisieran votar en las elecciones generales.
“Hay gente con ideología, ven en la televisión lo que hay, opinan y les gustaría mucho votar”, resume Christian detrás de la barra del bar de Heras de Ayuso mientras no para de atender a los búlgaros que piden bebidas para llevar. Algunas de su país.
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