Asturias

Belarmino Fernández: «La zona rural no es el problema, sino parte de la solución»

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Es uno de los alcaldes más veteranos (desde mediados de los años 90) de Asturias. Casi tres décadas («media vida») al frente de los destinos de Somiedo le dan una clara visión de la problemática de la Asturias más rural, más despoblada y, también, llena de posibilidades de desarrollo. Como presidente de la Red Asturiana de Desarrollo Rural (Reader) y de su grupo de acción local de la Comarca del Camín Real de la Mesa, Belarmino Fernández Fervienza siente orgullo de los resultados («hemos ayudado a poner en marcha unos 2.900 proyectos en toda Asturias desde 2008»), confianza en el presente («en 2020 sacaremos ayudas por 26 millones de euros») y esperanza en el futuro («la zona rural no es el problema, es parte de la solución»). La fórmula, una aquilatada combinación de la actualización de las actividades tradicionales, un enfoque mejorado y más integral del turismo rural, una diversificación de los ámbitos de emprendimiento y una mejor atención a la población, para que tenga una calidad de vida equiparable a la de las zonas urbanas. O mejor.

-El desarrollo rural no solo es hacer lo mismo, pero mejor.

-Es mucho más. La ganadería tiene que mantenerse y optimizarse, pero no fija población, porque hoy tendemos a explotaciones con algunos cientos de cabezas, para lo que no se necesita demasiada mano de obra.

-Es más, decía…

-Los grupos de desarrollo rural están trabajando en ello desde los años noventa. Con dos objetivos fundamentales: el primero, la prestación de buenos servicios públicos en educación, sanidad, infraestructuras de transporte y tecnologías de comunicación. El segundo, la generación de riqueza y empleo en el medio rural.

-¿Cómo están funcionando los grupos de desarrollo rural?

-Hemos sido un modelo, en Asturias. En la crisis, de 2008 a 2013 movilizamos 70 millones de euros para 1.500 proyectos. El periodo de 2016 a 2019, gracias a la alta ejecución anterior, ha dispuesto de 31 millones más; es decir, 101 millones para 1.400 proyectos y, aunque en teoría la aportación privada a esos proyectos debería ser de un mínimo del 60%, estamos en el 80%. Algo hacemos bien. Y en la convocatoria de 2020, que se abrirá a finales de marzo o principios de abril, vamos a movilizar 26 millones de euros.

-Habla de diversificación. ¿En esos proyectos se ve?

-Sí, hay iniciativas de turismo rural, de agroalimentación, de diversificación industrial, restauración, empresas forestales… Y es muy importante la aportación del tique autónomo en el entorno rural, porque con esa ayuda hay profesionales liberales que pueden vivir en unas condiciones que no tienen en las ciudades. Con buenas conexiones de internet, muchos profesionales se pueden implantar en el campo. En todo caso, hay recursos para apoyar proyectos en el mundo rural, pero nos gustaría que hubiese más apoyo a la diversificación.

Ideas innovadoras

-¿Cree que la imagen que en la ciudad se tiene del campo asturiano responde a la realidad?

-Hay que mejorar la comunicación en los dos sentidos e informar bien. Y creo que en las ciudades hay mucha gente que hoy podría volver al campo, porque hay oportunidades, posibilidades de vivienda y otras muchas ventajas. La zona rural no es el problema, sino parte de la solución. Para ello, hemos de caminar hacia una economía agraria más sostenible, aprovechar las oportunidades que nos aporta la lucha contra el cambio climático, así como las que nos ofrecen los avances tecnológicos para dar más cohesión a la diversificación económica del campo. Y debemos ser más sencillos y menos burocráticos en la tramitación de permisos urbanísticos, de actividades clasificadas, de acceso a los apoyos económicos y para crear pequeñas áreas industriales bien comunicadas en todos los municipios de Asturias, en las que se puedan implantar desde nuevas queserías hasta empresas de programación informática que ofrezcan sus servicios al mundo entero desde la cordillera Cantábrica. Ya las hay. Y que ninguna buena idea se pierda por falta de financiación.

-Diversificar también en los cultivos, entiendo.

-Sí. Todas las vegas tienen una oportunidad enorme de desarrollo en cultivos como el kiwi, el arándano, el aguacate y otros muchos. Hay que profundizar en unas actividades agroalimentarias que han demostrado ya que son competitivas y dan beneficios.

-Mientras tanto, las tradicionales, como la leche y la carne asturianas, siguen con márgenes exiguos o incluso vendiendo a pérdida, en ocasiones.

-Muchas explotaciones se están cerrando o redimensionando por eso. En leche y en carne se pagan precios en origen equivalentes en cifra, que no en valor, a los precios de hace 30 años. Pero los costes son muy superiores. Un ganadero de carne gana hoy con muchos terneros lo que ganaba con uno solo entonces.

-Hace unos días el Gobierno central aprobó la prohibición de vender a pérdidas. ¿Hay que fijar unos precios mínimos?

-No puede ser que se vendan naranjas a 99 céntimos, o que se regale la leche o se tire el precio de las patatas. Esas ofertas gancho para que el cliente entre a la tienda y gaste en otras cosas deberían estar prohibidas. Tenemos que fijar unos precios mínimos en origen que dignifiquen el trabajo de nuestro sector agroalimentario. Hay que prohibir las ofertas temerarias, para que la leche, la carne y toda la producción agroalimentaria sean sostenibles y de calidad. Cuando el cliente compra un kilo de carne tiene que poder saber, además de cuánto paga, lo que se le ha pagado al productor. De la misma manera que hay trazabilidad para el origen de los productos tiene que haber trazabilidad para los precios que se pagan en las diversas fases. Y con toda la informática que hay, eso hoy no puede ser difícil.

Fuente: El Comercio

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