Las razones del éxodo del medio rural al urbano

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“La España rural no está vacía ni nunca lo ha estado, han sido las políticas públicas las que la han vaciado al dirigir a otras zonas el impulso socio-económico y los polos de desarrollo”.

Acabo de regresar de México, donde he participado activamente como ponente en la reunión internacional auspiciada por OPARPA. En la misma, además de hablar largo y tendido acerca del sector porcino a nivel mundial, de la Unión Europea y de México, he tenido la oportunidad de conversar con dirigentes mexicanos y también con algunos técnicos daneses (Dinamarca era el País Invitado a la mencionada reunión) acerca del grave problema que a tantas regiones del mundo afecta, como es el éxodo de personas (la gran mayoría de ellas jóvenes) desde el medio rural al medio urbano.

México puede ser un buen ejemplo de ello; con un total actualmente de unos 132 millones de habitantes (en el año 1950 la población mexicana sólo era de unos 26 millones), las cuatro principales ciudades (México DF, Veracruz, Jalisco y Puebla) albergan realmente a unos 38 millones de habitantes lo que supone el 21 por 100 del total, y a las mismas fluyen diariamente miles de personas desde el medio rural en busca de un futuro mejor.

Este es, insisto, un fenómeno generalizado en muchas partes del mundo; así, por ejemplo, Etiopía que tiene una población cercana a los 110 millones de habitantes y es, junto con Nigeria, el país más poblado de África y de los más pobres (PIB anual per cápita de unos 625 dólares), en la zona de influencia directa de Addis Abeba, su capital, se estima que habitan realmente más de 10 millones de personas, y cada día fluyen a la misma miles de personas procedentes del medio rural.

El principal fundamento real de este hecho está en la búsqueda en el medio urbano por parte de las personas que habitan en las zonas rurales de una vida mejor; de una vida con más oportunidades en formación, en salud, en empleo, etc. Es decir, estos inmigrantes internos siempre van en búsqueda de un futuro mejor del que realmente les ofrece o puede ofrecer, el medio rural.

Salvando todas las distancias, España está también afectada por las razones expuestas por un problema similar (actualmente solo el 20 por 100 de la población española vive en el medio rural). Como es bien sabido hace unos pocos días cientos de localidades de todo el país se manifestaron solicitando a todas las fuerzas políticas la creación de un verdadero pacto de Estado contra la despoblación (actualmente este tema es dependiente del Alto Comisionado para el Reto Demográfico de reciente creación y ubicado en el Ministerio de Política Territorial).

En este sentido me parece altamente ilustrativo lo que expuso don Juan Manuel Polentinos, presidente en Valladolid de la Confederación de Centros de Desarrollo Rural (Coceder): “La España rural no está vacía ni nunca lo ha estado, han sido las políticas públicas las que la han vaciado al dirigir a otras zonas el impulso socio-económico y los polos de desarrollo”.

Y aquí, probablemente, está el quid de la cuestión; esta cuestión que está llevando desgraciadamente a miles de pueblos en toda España a una hasta ahora irreversible “muerte demográfica” (como se decía en la convocatoria de la mencionada manifestación “la España vaciada se muere”).

Desde mi punto de vista, lo que exige urgentemente el medio rural es una política racional, eficiente y eficaz, una política fundamentada en elevadas inversiones que logren, a medio plazo una revertebración territorial real, es decir, un verdadero “reequilibrio demográfico” entre la periferia (el mundo rural) y el interior (el mudo urbano).  Y esto sólo se puede lograr, al menos inicialmente, mediante la aportación masiva de recursos efectivos el medio rural (aquí no hay que buscar la racionalidad económica de la mencionada inversión ni su rentabilidad a corto plazo sino, en todo caso, a un largo plazo).

Todo ello implica necesariamente la creación de las adecuadas infraestructuras en sanidad, educación, transporte, viviendas, carreteras, etc. (así, por ejemplo, generando la vinculación de las industrias agroalimentarias al territorio donde se generan los productos, dando lugar a políticas reales de emprendimiento, facilitando también fiscalmente, la ubicación de empresas en el medio rural, dando oportunidades en él a la creación de empleo, etc.).

Obviamente, ello exige, desde una perspectiva global, un cambio significativo en las políticas públicas (tanto del Estado como, fundamentalmente, de las Comunidades Autónomas) y, por supuesto, en primer lugar, un “importante apriete del cinturón”, a todos los niveles, en el medio urbano, con todo lo que ello comporta.

Pero no nos queda otro remedio que espabilar si no queremos acabar, a medio plazo, como, por ejemplo, Chile donde solo el 12 por 100 de su población vive en el medio rural o Argentina donde solo lo hace un 7 por 100 y ahí está, no nos engañemos, una de las razones (que no la única obviamente) de sus graves problemas sociales.


Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

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