Tres historias de éxodo rural desde la ciudad

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Tres historias de éxodo rural desde la ciudad

ÁNGEL LEÓN y ALICIA VEROS. De Cataluña a Valencia de Alcántara

«No éramos muy urbanitas y aquí encontramos lo que necesitamos»

Hace prácticamente un año que el matrimonio formado por Alicia Veros y Ángel León recaló en Valencia de Alcántara desde Cataluña, donde ambos nacieron. Se dedicaban al periodismo y vivían en un municipio a 15 minutos de Barcelona cuando decidieron cambiar de rumbo. «Allí las cosas se complicaron un poco. Fundamos un diario digital en su momento, no acabó de funcionar bien y tuvimos que cerrarlo. Ahí nos planteamos la posibilidad de explorar otras cosas y buscamos nuevas experiencias», cuenta Ángel, doctor en Filosofía. Y llegaron a Extremadura, una tierra bien conocida para ella, ya que su familia materna desciende de Santiago de Alcántara aunque emigró en los años 60 a Hospitalet. Pero nunca ha perdido el vínculo con Extremadura: «a partir de la adolescencia me dio por bailar jota y he pertenecido durante muchos años a la Unión Extremeña de Hospitalet», cuenta Alicia. Más ajena es esta tierra para él, aunque Valencia de Alcántara le sonaba bien por los libros, por ser la tierra del que fuera su profesor de universidad, el catedrático José Mª Valverde. «La verdad es que nunca hubiese imaginado vivir aquí, aunque la idea de salir de Cataluña no era ajena».

Al principio se instalaron en una pequeña casa familiar en Santiago de Alcántara, que utilizaron de base de operaciones mientras buscaban una casa para comprar. «No éramos muy urbanitas, no ha sido difícil adaptarnos y no echamos de menos estar en una gran ciudad. Aquí en Valencia encontramos todo lo que necesitamos». Y el plan es quedarse. Ángel, casi prejubilado, está escribiendo un libro mientras ella intenta trabajar. «Lo mejor del pueblo son las distancias, todo está cerca, y lo peor es lo que tienes que hacer fuera, como el tema de la salud, que hay que ir al hospital de Cáceres para tener cualquier especialista».

  • JULIÁN RELOBA Y NAWALE. De Madrid a Santiago del Campo

«No echo de menos Madrid, en el pueblo la gente es maravillosa»

Amante de la naturaleza y de la vida tranquila, Julián Reloba decidió darle un giro a su vida y refugiarse en el mundo rural. El pasado enero cambió Valdemoro (Madrid), donde ha vivido 47 de sus 50 años, por la localidad cacereña de Santiago del Campo, de poco más de 200 habitantes.

«Me había quedado en paro, no tenía expectativas de trabajo y me dio por meterme en internet y buscar pueblos donde necesitaran gente para trabajar o repoblarlos», cuenta. En esa búsqueda encontró la plataforma volveralpueblo.org, una iniciativa que desarrolla la Confederación de Centros de Desarrollo Rural (Coceder) para frenar la España vaciada, y se topó con una propuesta que le llamó la atención en Extremadura: gestionar el bar del pensionista de Santiago del Campo. Jamás había escuchado hablar de este pueblo, a pesar de que ha visitado en varias ocasiones la comunidad porque tiene familia en Montánchez, pero se puso a investigar y contactó con el Centro de Desarrollo Rural Cerujovi, que gestiona el programa Volver al Pueblo en Extremadura. «Me pareció una buena opción, se ajustaba a lo que buscaba y no me lo pensé». Menos de un mes después de contactar con Cerujovi ya estaba viviendo en este pequeño municipio. Tiene experiencia en la hostelería y gracias a él, Santiago del Campo vuelve a tener bar todo el año (en verano se abre también el de la piscina). «La gente me ha recibido muy bien, son todos muy amables y atentos y yo estoy encantado», dice. Tanto que hace dos meses se ha mudado al pueblo también su pareja, Nawale, y acaban de enterarse de que van a ser padres. «No imaginaba nunca que iba a estar viviendo aquí. He cambiado una ciudad que rondará los 80.000 empadronados por un pueblo de apenas 200 vecinos, pero aquí he encontrado muchas facilidades, gente maravillosa que me está ayudando y apoyando. Ha sido un cambio radical, pero para bien».

Apenas lleva seis meses en Santiago del Campo, vive de alquiler, pero tiene en proyecto comprarse una casa. «Aquí hay viviendas asequibles por 8.000 o 9.000 euros y pago de alquiler 150 euros». De la ciudad lo único que echa de menos es a su familia y a sus hijos que viven allí.

Respecto al trabajo, dice que le da para vivir. Solicitó el pago único del paro para invertir en el nuevo negocio y abrió el bar, que también tiene estanco, en febrero. «No voy a hacerme rico, pero me da para la vida aquí». Aunque la crisis del coronavirus también ha roto sus expectativas. «Semana Santa y San Marcos iban a ser buenos, viene mucha gente de fuera y tenía pensado montar la terraza, pero tendremos que esperar». La parte positiva es que el confinamiento en el pueblo ha sido más llevadero. «En Madrid habría sido insoportable». ¿Qué es lo mejor y lo peor de vivir en un pueblo tan pequeño? «Aquí no tienes las facilidades ni los medios que puedes tener en una ciudad, pero no lo echo de menos. Estamos a 20 kilómetros y 15 minutos de Cáceres, en Valdemoro para ir a Madrid son 27 kilómetros, pero tardas dos horas como mínimo en hacerlos y lo mejor es la gente, que es maravillosa. Es un cambio de vida total, pero se acostumbra uno antes a vivir aquí que al escándalo de las ciudades».

  • JUANDA KENNEDY. De Madrid a Valencia de Alcántara

«Siempre me ha gustado el campo y la idea es construir mi vida aquí»

Hace apenas dos semanas que dijo adiós a Madrid y se instaló en Valencia de Alcántara, en la casa que tiene allí su familia materna, una casa de vacaciones que ahora ya tiene inquilino todo el año. Porque su proyecto es construir su vida aquí. «Llevaba pensándolo desde hace dos años y durante el confinamiento tomé la decisión», cuenta este joven de 26 años. Licenciado en Biología y experto en gestión medioambiental y ecología por la Universidad de Lisboa, está buscando opciones para trabajar en la región y no descarta hacerse profesor (acaba de terminar también el Máster del Profesorado) ni el teletrabajo: «he dado clases de inglés y portugués». Su plan, de momento, es tirar de ahorros mientras logra un empleo y vivir en el pueblo.

Juanda Kennedy (su padre es inlgés) ha vivido fuera de España en varias ocasiones, pero fue cuando volvió de Alemania y se instaló de nuevo en Madrid (es de Puente de Vallecas), cuando empezó a mirar la opción del mundo rural. «Siempre me ha gustado mucho el campo, no solo la naturaleza, sino los oficios del campo también; luego por otro lado, está el ritmo de la ciudad, que está muy bien, pero al final sientes que pasan los días, estás hiperestimulado y tenía la sensación de que no me daba tiempo a hacer nada bien. Y el detonante final para decidirme fue el confinamiento». Del pueblo valora la tranquilidad, «es lo mejor y lo peor a la vez», y el trato más cercano con la gente. «Valoro mucho eso de tener gente cerca que está para cualquier cosa que necesites y que tú también puedas estar para ellos». No obstante, Juanda reconoce que a su madre sí le chocó su decisión: «la note un poco preocupada al principio, no lo veía como una oportunidad sino como una forma de aislamiento, pero a día de hoy creo que mis padres se alegran». La vida en Madrid, dice, va muy rápido y es mas cara y «creo que tampoco estoy renunciando a muchas cosas. Aquí llega la fibra óptica, en las tiendas hay de todo lo que necesites y quizás hay menos movimiento cultural, pero Valencia tiene varias cosas interesantes. No creo que la vida sea tan diferente».

Fuente: Reportaje de Guadalupe Moral, publicado en elPeriódico Extremadura.

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