Juan A. Marín, gerente del GDR Sierra de Cazorla: ” Hay que dar oportunidades a la juventud para que permanezca en los pueblos”

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El gerente de la Asociación para el Desarrollo Rural de la Comarca Sierra de Cazorla, Juan Antonio Marín, analiza la situación de la provincia en el ámbito rural, así como las perspectivas de futuro.

—¿Cuál es la función principal de la asociación?, ¿cómo funciona?

—La asociación se constituye en 1996, con el nacimiento del programa europeo y nacional de desarrollo rural Leader, como una entidad sin ánimo de lucro público-privada de ámbito comarcal, en nuestro caso la Comarca Sierra de Cazorla, integrado por 87 socios actualmente, entre las que se encuentran entidades públicas como Ayuntamientos, Diputación y privadas: empresas, asociaciones de jóvenes, de mujeres, culturales, de empresarios, personas físicas, sindicatos, etcétera. El objeto fundamental es el desarrollo económico y social, para evitar el despoblamiento y aumentar la calidad de vida de nuestro territorio.

—¿Cuáles son las líneas fundamentales de trabajo de la asociación?

—Una de las herramientas principales para alcanzar los objetivos de la asociación es el programa europeo de desarrollo rural Leader de apoyo a emprendedores en las zonas rurales. Supone una delegación de las funciones de gestión de los Fondos Europeos al Desarrollo Rural de la Administración (Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible) a los Grupos de Desarrollo Rural, que se encuentran más cercanos al territorio y a la población rural. Pero las ADRs no solo somos una ventanilla de subvenciones, aprovechamos otras herramientas, especialmente públicas como: el Programa Andalucía Orienta, servicio de información laboral y al empleo, Convenios con entidades como con la Diputación de Jaén del Programa de acción cultural y deportiva comarca; Formación, Prácticas en Empresas, o en otras anualidades el programa de Prevención de Drogodependencias “Ciudades ante las Drogas”.

—Dada la situación que se vive actualmente, ¿qué tipo de proyectos son los que se necesitan?

—Las épocas de crisis deben suponer un periodo de reflexión, de transición y de reinvención, un cambio de rumbo hacia modelos o escenarios donde una vez analizado lo que no está funcionando, se reinvierte en tendencias y nuevos segmentos. Necesitamos diversificar nuestra actividad económica, apostar por un turismo sostenible y de calidad, una industria agroalimentaria basada en nuestra marca Sierra de Cazorla y un sector secundario que transforme y genere mayor valor añadido de nuestros recursos, por ejemplo el aprovechamiento forestal transformado en nuestro territorio. Las energías renovables pueden configurarse como un sector con gran potencial.

—A lo largo de estos años, ¿cuáles han sido las actividades que más huella han dejado en la comarca?

—La aparición de las Asociaciones o Grupos de Desarrollo Rural en Europa ha supuesto fundamentalmente la creación de marcas territoriales o líneas de trabajo en un ámbito supramunicipal. Esto ha supuesto un valor añadido de los territorios con el ámbito comarcal, desde el punto de vista de la promoción turística, y también agroalimentaria. Así se ha realizado un esfuerzo en la promoción de la Comarca Sierra de Cazorla, edición de guías, asistencia a ferias, apoyo a emprendedores turísticos, que ha aumentado y diversificado una amplia oferta de turismo activo (la Comarca cuenta actualmente con 29 empresas) y un aumento de la calidad de nuestra oferta hotelera, configura nuestro territorio como un destino consolidado de naturaleza.

—¿Echan en falta mayor apoyo para que el desarrollo rural se pueda mantener?

—Los servicios e infraestructuras de las zonas rurales son en muchos casos deficitarios, si los comparamos con otras décadas se ha avanzado mucho, sin embargo siguen existiendo enormes diferencias respecto a las zonas urbanas, justificado en la despoblación de las zonas rurales. Es pues un círculo, donde las oportunidades de empleo y de servicios se ven mermados en municipios pequeños. En nuestro caso tenemos como principales hándicaps: una deficitaria red viaria de comunicaciones, con carreteras en mal estado que por ejemplo impiden una comunicación entre municipios, así como el acceso al Levante español. Pérdidas de centros escolares rurales, o el Centro Hospitalario de Alta Resolución que se ha puesto en marcha este año después de más de 10 años desde su inicio. Lo que se desprende que a nivel nacional no existe una política trasversal frente al despoblamiento ahora que tanto se habla de la España Vacía.

—¿Qué carencias o problemas encuentran en el desarrollo rural en la provincia?

—Uno de los principales problemas que nos encontramos es la capacidad de la provincia en la realización y asunción de inversiones, por un lado y la dependencia del monocultivo del olivar por otro. La inversión privada debe ser acompañada de medidas y acompañamiento de actuaciones públicas: suelo industrial, embellecimiento de pueblos, conservación del patrimonio, etcétera. También tiene que contar con un apoyo al mantenimiento de nuestra población joven y la participación de la mujer, pero sin una masa de inversión privada potente, la creación de riqueza y de empleo se hace dificultoso. Y estos grandes o medianos proyectos son los que la provincia adolece. Con un gran producto como el aceite con problemas como los precios, ambientales (pérdidas de suelo, de biodiversidad) y de futuro incierto.

—¿Cuáles son las claves para potenciar la economía en los municipios y lograr que el éxodo rural se frene?

—Innovar y diversificar la economía de los territorios, basado en lo que cada territorio posee como fortalezas y convertirlas en oportunidades, diferenciándose de otros territorios. Debemos conseguir municipios atractivos para vivir, donde se conjuguen servicios básicos a la población, como los sanitarios, de educación, de comunicaciones, etcétera, acompañados de una oferta de ocio. La calidad de vida es muy alta en nuestros pueblos, diría que mucho más que en las zonas urbanas, siempre y cuando esos servicios básicos se garanticen y, especialmente, se ofrezca un futuro laboral que es uno de los principales necesidades básicas de las personas.

—Cuando se habla de la provincia, se suele hablar sobre el olivar, pero existen otras industrias alternativas por Jaén, ¿cómo se pueden potenciar para llegar a más personas?

—Tenemos para lo bueno y lo malo, el monocultivo del olivar y que una provincia sea la primera potencia mundial en algo es importante. También es necesario desarrollar las capacidades relacionadas con el olivar que aún quedan muchos caminos por explorar: desde su aprovechamiento de la biomasa, hasta el uso de sus hojas, desarrollo del oleoturismo, etcétera. Pero por encima de todo del aumento de la comercialización y venta de aceite envasado y no en botellas de 25.000 litros (a granel) de seguir trabajando en la calidad de nuestros aceites. El monocultivo trae como consecuencia negativa la afección a toda la economía provincial de elementos externos, por lo que una economía provincial saneada debe alimentarse de otros sectores. El turismo para la Sierra de Cazorla ha supuesto el principal sector diversificador respecto al olivar. Según fuentes del Registro de Turismo de Andalucía contamos con 229 empresas en la Comarca relacionadas con este sector, con el consiguiente repercusión en empleo generado, sin tener en cuenta las casi 400 viviendas extrahoteleras que también generan rentas.

—¿Cree que las energías renovables deben ser un enfoque para la economía de las comarcas?

—Para nuestra comarca es fundamental y una gran oportunidad, de hecho ha sido una de nuestras grandes líneas de trabajo en la vigencia de nuestra entidad. La demanda energética mundial sigue una progresión alcista exponencial. Del cambio climático creo que ya nadie duda y que es necesario una apuesta firme para su lucha. Las fuentes de energía renovable se presentan como la única alternativa. Las zonas rurales somos fuente de generación de diversas energías renovables: biomasa, superficies aptas para solar y potencialmente eólica, zonas de costa, minihidráulicas recuperables; las zonas urbanas son zonas de superconsumo de nuestra energía “limpia”.

—¿Cómo se puede potenciar el emprendimiento en los pueblos y las generaciones más jóvenes como manera de evitar el éxodo rural?

—Por un lado adaptando la oferta educativa y de formación a las necesidades de los territorios. Esto implica una reprogramación continua en la oferta. Por otro potenciando que no exista brecha digital. En un nuevo contexto donde las nuevas tecnologías se imponen en un mundo global, el acceso a la banda ancha, espacios tecnológicos, viveros de empresas, etcétera. Un ejemplo donde se combinan todas estas características, transferible como buena práctica son los espacios de coworking donde personas de diferentes ámbitos, sectores, profesiones, comparten espacios de trabajo e incluso participan conjuntamente en proyectos.

—¿Cuáles son las claves para vivir bien en los pueblos o dicho de otra forma, qué les falta o que se puede añadir para que la población joven no quiera irse?

—Yo también he sido joven y yo también me he querido ir, me he ido y he vuelto. Es recomendable que conozcan otros entornos. Hay que dar oportunidades a los jóvenes para que elijan su opción más conveniente, pero no que se tengan que marchar porque no exista ninguna otra opción digna de vida, en su pueblo para ellos.

Fuente: Diario de Jaén

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