Sebastián Lozano, gerente del GDR Condado de Jaén: “Abrir un negocio en el medio rural es ahora una posibilidad más rentable que antes de la pandemia”

Comparte esta noticia

El incremento del teletrabajo, el crecimiento del comercio electrónico y el impulso del sector logístico hacen que abrir un negocio fuera de las ciudades sea una posibilidad más rentable ahora que antes de la pandemia. Es más fácil crear tu propio empleo que encontrarlo.

Cuando veíamos a un campesino acarreando con su burro una carga de leña lo que hacían estos hombres hay que seguir haciéndolo, aunque no haya que seguir haciéndolo así. Están haciendo una transferencia energética, está llevando energía del olivo y del monte, que generan mucha, y la están llevando primero al pesebre del ganado o la leña para calentarse y cocinar en la casa, que después con el estiércol va a hacer compost y que luego va utilizar como abono para el huerto o para los olivos. Es un ganadero, porque esto lo lleva porque tiene cabras u ovejas. Es un fabricante de abono orgánico, un compostador, horticultor, manipulador de alimentos, comercial de la alimentación, intercambiador energético, gestor de la biodiversidad, agente ambiental y, como es un paisano, mantiene el medio rural. Lo mismo pasaba con los cultivos de las hortalizas que se abonaban con el compost producido del estiércol de los animales y las camas, y los desechos de ellas se los comían los cerdos, las gallinas y los conejos y las cabras, que, a su vez, con sus excrementos y las camas, se volvía a disponer del compostaje para el abonado. Y todo esto lo aprendieron en su casa, no en ningún centro de formación especializado.

Todas estas cosas que se aprendieron en casa ahora no se aprenden en ningún lado. Hay un problema grave de desconocimiento de cosas que se sabían, porque se transfería ese conocimiento en la casa. La casa era una unidad de producción y una unidad de formación permanente. La escuela podría haber sido su sustituta, pero no lo es, al menos es manifiestamente mejorable como reproductor de individuos sociales para que los críos salgan como ciudadanos ejemplares. Y la familia vieja campesina que reproducía la cultura en los nuevos campesinos ha desaparecido porque los campesinos hoy son ignorantes de su propio trabajo y el manejo de la tierra entendida como manejo agroecológico que ejercían sus padres. ¿Y sin esos conocimientos cómo manejar el monte y la tierra, que era como se garantizaba su equilibrio y biodiversidad?.

La vida fluye por medio de los genes, las especies, los ecosistemas y la cultura, que controla los tres primeros, el conjunto organizado de conocimientos generados por las comunidades humanas, imprescindible para regular los aprovechamientos del medio reprimiendo, domesticando, filtrando, troquelando, seleccionando o estimulando genes y especies, lo que ha supuesto la aparición en España razas ganaderas o cultivos agrarios de miles de nuevas variedades.

En España y en el resto de Europa desde hace varios milenios hasta hace unas décadas que no existía una naturaleza separada del hombre y sus culturas campesinas. Información y conocimiento campesino, biodiversidad y naturaleza han estado inextricablemente unidos formando parte de un único sistema y, en consecuencia, no pueden ser estudiados ni, mucho menos, gestionados por separado. Por eso en los territorios de naturaleza campesina no debería aplicarse por un lado una política de conservación de la naturaleza y por otro una política de desarrollo agropecuario y forestal. Una que quiere proteger y otra que quiere desarrollar. Ambas deben ser reformadas para fusionarse en una política integral de gestión agroecológica, cultural, singularizada y local del territorio.

Desde el paisaje de la campiña hasta los pastos de los montes, desde el diseño por selección genética y adaptación para conseguir una vaca capaz de aprovechar los pastos en los terrenos montaraces o de la cabra en las sierras sud béticas o el toro bravo o los cerdos ibéricos en los bosques adehesados de encina que cubren buena parte de los montes de Sierra Morena, o las semillas de las hortalizas, todos ellos forman parte de un colosal trabajo de control cultural gestado por cientos de pequeñas comunidades campesinas a lo largo de los siglos.

Si queremos conservar la manera de expresarse la naturaleza en nuestra tierra tenemos que mantener activas las culturas que la han creado. Todo lo que no sea eso nos llevará a la deriva, a la selva, a la naturaleza ajena al hombre, a los desequilibrios entre especies a favor de las oportunistas, a la pérdida de biodiversidad y al aumento de riesgos, sobre todo los incendios.

Estamos en 2021 y no hemos sido capaces todavía de incorporar las culturas del territorio a la conservación de la naturaleza ni de vislumbrar su importancia estratégica. Las culturas locales se han casi extinguido delante de nuestros ojos mientras las exiguas comunidades rurales se vuelven forzosamente analfabetas de su tradición. Han perdido la memoria afectadas por la amnesia y subsisten a duras penas “adoptando” la cultura industrial antes que “adaptando” su cultura local. En el último medio siglo se fue conformando un modelo de sociedad que reniega de lo rural y fía toda opción de progreso exclusivamente a lo urbano.

Ya no se trata de conservar tal o cual especie, raza o paraje sino de salvaguardar y hacer de nuevo viables modelos culturales locales, informaciones, conocimientos y sistemas campesinos inteligentes para que gestionen localmente sus territorios con una nueva perspectiva integradora de razas, especies y parajes. En pocas palabras, lo que en el fondo hicieron los campesinos toda la vida y que ahora se llama “técnicamente” gestión agroecológica, multifuncional y sostenible del medio ambiente.

La sociedad urbana no puede fiar en exclusiva a la ciencia nacida de la industrialización –por lo demás altamente especializada y en muchas ocasiones reduccionista y por ello inútil para el análisis, diagnóstico y tratamiento de la actual complejidad territorial-, o a las nuevas tecnologías, las soluciones. Estas se encuentran en un nuevo discurso político, científico y tecnológico que incorpore el conocimiento local y las instrucciones, y las organizaciones de aquellas culturas vernáculas que supieron hacer para cada lugar el traje que mejor le sentaba.

Tenemos que ponernos con urgencia a revisar la memoria de los conocimientos campesinos para encontrar la forma de actualizar y rehabilitar las claves, los principios y los límites de sus estables modos culturales –para evitar que se olvide la esencia de lo que fuimos, sin tener que convertirnos otra vez en lo que fuimos-, retomando la relación con una forma de vida que conectaba con la tierra, el Sol y las estaciones, sin perder en el viaje la confortabilidad del mundo moderno.

Y como dice Jaime Izquierdo, el Comisionado contra la despoblación de Asturias, “tenemos que poner a funcionar la innovación para generar sistemas viables de gestión territorial para que los campesinos del siglo XXI, convertidos en ecocultores, manejen con precisión las interrelaciones pertinentes que se dan en lo local entre lo doméstico y lo silvestre, entre los genes, las especies y los ecosistemas, tal como hicieron sus antepasados”.

En nuestros pueblos habrá dos categorías profesionales: los que viven del campo y del pueblo, y en los que recae la gestión agroecológica del medio «con más confortabilidad y más rentabilidad que los aldeanos originales y en un nuevo contexto socioeconómico y cultural», ylos que viven en el campo o el pueblo, «en la que se asientan por diversas razones pero en las que ejercen su trabajo profesional en un ambiente más naturalizado, más tranquilo y más barato que la ciudad, pero que no intervienen directamente en su gestión»

El incremento del teletrabajo, el crecimiento del comercio electrónico y el impulso del sector logístico hacen que abrir un negocio fuera de las ciudades sea una posibilidad más rentable ahora que antes de la pandemia. Es más fácil crear tu propio empleo que encontrarlo. Los profesionales pueden teletrabajar desde un municipio rural, son zonas más tranquilas y baratas que la ciudad, se puede emprender para producir cualquier cosa y venderla por internet y distribuirla a través de la logística que ha montado Correos, Correos Market, utilizando su red de 2396 oficinas de correos en toda España, lo que facilita la conexión y reduce los tiempos de los pedidos.

El asentamiento de la compra por internet y la revolución logística son las dos columnas sobre las que se sostiene el emprendimiento y que permite abrir puertas nuevas. Entre las ayudas, el alquiler inmobiliario, que es más barato en un pueblo que en la ciudad,  las viviendas suelen ser más grandes y sin problemas para aparcamiento, y no digamos las otras ventajas vitales: reducción del estrés, mayor contacto con la naturaleza, mejor calidad de vida.

En el momento actual, tras el susto global del covid-19, crece el número de personas que se plantea cambiar sus hábitos de vida por coherencia climática o para vivir más tranquilos con menos. «No hay nada que impida ahora abordar proyectos experimentales para iniciar un viaje de regreso al campo. Nada salvo nuestra cada vez más peligrosa actitud de no movernos, de no cambiar, de repetir una y otra vez las recetas fracasadas y de asistir atónitos, indolentes, a un cada vez más irreversible proceso global de cambio climático y desestructuración rural al que tenemos que poner coto y ante el que tenemos que reaccionar de forma innovadora».

También es verdad que en todo nuestro medio rural debe completarse la digitalización, garantizar la conectividad por banda ancha en todo el territorio, un adecuado suministro eléctrico, y apostar por un sistema mallar de infraestructuras de transporte, si queremos que las iniciativas emprendedoras proliferen. Y si queremos frenar la despoblación rural habría que pensar en la renta mínima agraria y en contemplar que son los migrantes extranjeros los futuros neocolonos, pero para eso tendría que establecerse un sistema que por mudarse a los pueblos suponga obtener los papeles de su legalidad y permiso de trabajo de forma rápida.

Para que sea posible el cambio rural a un modelo postindustrial agroecológico ha de producirse no sólo que el medio rural está en predisposición de llevar a cabo el abandono del modelo industrial que ha desarrollado desde los años 60 del siglo XX y el superintensivo del XXI, sino que sus pautas de consumo acompañan a ese modelo diversificado en la producción agraria, y está dispuesto a ser un agricultor multifuncional en muchas tipos de cultivos como lo eran los agricultores agroecológicos de antes de la revolución industrial, sabiendo incorporar las herramientas tecnológicas actuales. Pero también la ciudad ha de estar comprometida con la necesidad de ese cambio y estar dispuesta a consumir de otra manera, primando el producto de distancia corta, como contribución para mantener la economía estratégica de un suministro alimentario cercano, aunque tenga que pagar algo más, porque así sostiene un medio rural vivo, y acompaña la lucha contra el cambio climático.

Como dice el agricultor y filósofo francés Pierre Rabhi “el principio de crecimiento económico infinito es absurdo por los límites que impone y tiene la Tierra desde el punto de vista físico como biológico. Es un modelo que no puede construir sin destruir teniendo dentro de él mismo el germen de su destrucción”.

Fuente: Artículo de Sebastián Lozano Mudarra, es veterinario, ha sido director técnico de la Confederación de Cooperativas Agrarias de España, ruralista, gerente del Grupo de Desarrollo Rural del Condado de Jaén, columnista de radio y activista cultural y ambiental.

Asociación para el Desarrollo Rural de Andalucía

ER-0930/2013
GA-2013/0384
SR-0034-ES
  • Edificio Metropol 1, C/ Industria, nº 1, 3º Módulo 20
    41927 Mairena del Aljarafe (Sevilla)
  • 954 769 722 | 618 212 064

Financia

Entidades colaboradoras